LA EMOCIÓN:
Definir las
emociones no es una tarea sencilla y depende en gran medida de donde se ponga
el foco de atención. Existe un consenso importante en considerar la emoción
como un fenómeno complejo y multidimensional que involucra los componentes
subjetivos, cognitivos, fisiológicos, expresivos y motivacionales.
Existen diversas clasificaciones de las emociones, hay quienes sostienen que existen algunas emociones básicas y universales y hay quienes consideran las emociones como fenómenos dimensionales que pueden distinguirse según su valencia (positiva o negativa), activación (alta o baja) o tendencia al acercamiento-evitación.
Dentro de los modelos explicativos de la emoción nos encontramos con tendencia evolucionistas, psicofisiológicas, neurológicas y cognitivas; siendo este último uno de los modelos que mas desarrollo teórico y experimental ha tenido en las últimas décadas. En general, las teorías basadas en la evaluación cognitiva se sustentan sobre dos ideas clave: 1. la emoción es el resultado de la valoración cognitiva que hace el sujeto acerca de las implicaciones que tiene una situación a nivel de su bienestar personal y de su adaptación y 2. las diferentes emociones son producto de diferentes valoraciones, de esta forma, si podemos saber cómo valora la situación el individuo podemos predecir qué emoción sentirá.
La investigación científica en el área de la psicología de la emoción ha crecido enormemente en los últimos anos, pudiéndose identificar algunas líneas de investigación predominantes que ser repasan en el presente capítulo: el estudio de las emociones en condiciones experimentales, los estudios de patrones específicos de respuesta emocional, los estudios enfocados en la relación entre la emoción y otros fenómenos —memoria, atención, toma de decisiones, entre otros. Y aquellos dedicados a la regulación emocional.
Funciones de las emociones:
Las emociones cumplen distintas funciones entre las que destacamos las funciones adaptativas, las funciones sociales y las funciones motivacionales.
Funciones adaptativas
Los trabajos de Darwin (1872) son los primeros en destacar la función adaptativa que tienen las emociones al facilitar la conducta apropiada según el contexto.
Las emociones tienen la función de preparar al organismo para la acción, tanto si
se trata de alejarse o acercarse a un objetivo o estímulo determinado. Es así que
cada emoción puede asociarse con una «tendencia o urgencia de acción», entendida como la conducta que promueve esa emoción con fines adaptativos, ya sea, por
ejemplo, la protección y perpetuación de la especie o la conducta prosocial.
También es cierto que la utilidad de algunas emociones puede asociarse a situaciones primitivas de supervivencia a las que hoy en día no nos vemos expuestos,
como por ejemplo, sentir miedo ante la presencia de un depredador. Como discutiremos más adelante , el hecho de que las emociones
sean adaptativas no significa que las consecuencias de las emociones sean siempre
funcionales. Por ejemplo, dependiendo del contexto social en que se dé la situación puede ser funcional expresar ira o inhibirla. La funcionalidad también tiene
un matiz temporal, ya que aquellas respuestas beneficiosas a corto plazo pueden no
serlo a largo plazo y viceversa. Pongamos como ejemplo alguien que siente miedo
ante una entrevista de trabajo y por eso decide no ir. Puede ser que en un primer
momento esta persona sienta alivio por no haber ido a la entrevista, pero probablemente la huida no será funcional a largo plazo.
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Funciones sociales:
Varios autores han destacado la función social de las emociones. Desde este punto de vista, la expresión emocional sirve para comunicar a los demás nuestro estado
afectivo, lo que provoca una respuesta en nuestro interlocutor (Ekman y Davidson,
1994). La expresión de la emoción permite que los demás puedan predecir nuestra
conducta (Izard, 1977). Si expresamos una emoción negativa, como por ejemplo miedo, los demás predecir la tendencia de huida, mientras que si expresamos tristeza,
esperarán que lloremos o nos mostremos abatidos. La expresión de emociones positivas indica que hemos alcanzando una meta o que estamos dispuestos a generar
interacción social, influenciando al otro a reaccionar favorablemente. Algunos estudios indican que cuando expresamos emociones positivas los demás nos ven como
personas amigables y competentes (Barger y Grandey, 2006), lo que a su vez facilita
la tendencia del otro a cumplir con nuestras demandas (Cialdini y Goldstein, 2004).
Expresar emociones puede influir directamente en las emociones de los demás, por
ejemplo mediante el efecto contagio (Hatfield, Cacioppo y Rapson, 1994). Esto es lo
que ocurre por ejemplo cuando entramos a un lugar y sonreímos, facilitando que el
otro también sonría y que se establezca una interacción agradable.
Las emociones promueven la conducta prosocial entendida como aquellas conductas que se realizan en beneficio de otros como ayudar, compartir, consolar,
guiar o defender a los demás. Las emociones positivas también han sido relacionadas con una mayor predisposición a conductas prosociales, facilitando la aparición
de conductas de apoyo y ayuda (Isen y Simmonds, 1978), reciprocidad (Walter y
Bruch, 2008) y la tendencia a buscar soluciones consensuadas (Forgas, 1998).
Funciones motivacionales:
Las emociones permiten movilizar o activar recursos ya que las respuestas fisiológicas que las acompañan nos preparan para la acción (Fernández-Abascal,
Palmero y Martínez-Sánchez, 2002). En este sentido las emociones nos sirven para
motivar conductas que modifiquen nuestra relación con el entorno de una forma
más adaptativa. Por ejemplo, la culpa motiva al sujeto para realizar conductas prosociales de reparación, el asco nos protege de sustancias nocivas, la ira promueve
la defensa o el ataque y la alegría favorece la comunicación y la empatía. Además,
desde el punto de vista motivacional las emociones nos informan sobre nuestra
situación en relación a las metas que nos trazamos, de esta forma la alegría indica
que hemos hecho un progreso hacia la meta, mientras que la tristeza indica pérdida o fracaso de la meta trazada.
Clasificación de las emociones:
La perspectiva dimensional
De acuerdo con esta perspectiva, el repertorio de emociones puede clasificarse
en relación a algunas dimensiones fundamentales (Lang, Bradley y Cuthbert, 1995).
Las emociones son consideradas entonces como fenómenos inespecíficos, diferenciándose entre sí por la ubicación que tienen en cada una de estas dimensiones.
Distintos autores han postulado un número distinto de dimensiones fundamentales. Wundt (1896), por ejemplo, propone que existen tres dimensiones
fundamentales:
1. agradable-desagradable,
2. relajación-tensión,
3. calma-excitación.
La perspectiva categorial:
El enfoque categorial asume que las emociones son fenómenos independientes, que pueden distinguirse entre sí por una serie de características específicas.
Dentro de este enfoque encontramos las llamadas emociones primarias o básicas, que
se consideran entidades primitivas desde un punto de vista evolutivo y cumplen
funciones adaptativas vinculadas a la supervivencia. La identificación de las emociones básicas se remonta a la época de Darwin (1897), quien plantea que estas emociones pueden diferenciarse entre sí a través de expresiones faciales, incluso en
animales filogenéticamente cercanos al hombre.
Ekman (1992) señala una serie de características de las emociones primarias:
1. expresiones faciales distintivas,
2. presencia en otros primates,
3. patrón fisiológico distintivo,
4. eventos antecedentes universales que funcionan como estímulos para ciertas
emociones, por ejemplo, la pérdida de un ser querido provoca tristeza, mientras que la amenaza de daño físico provoca miedo (Ekman y Friesen, 1978),
5. coherencia en la respuesta emocional,
6. inicio rápido,
7. corta duración,
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8. valoración cognitiva automática,
9. ocurrencia espontánea.
Modelos explicativos de las emociones:
Modelos evolucionistas
Los modelos evolucionistas parten del legado de Darwin (1872), quien a partir
de la observación en primates y humanos defiende la existencia de emociones básicas y universales, subrayando su papel funcional para la adaptación. Autores como
Ekman, Izard y Plutchik desarrollan la perspectiva darwinista y todos consideran
que la expresión facial es un elemento clave en la emoción. Como iniciador de los
trabajos de Ekman e Izard encontramos a Tomkins (1962), para quien las emociones pueden ser agrupadas en dos dimensiones: positivas —interés, sorpresa y
alegría — y negativas —angustia, miedo, vergüenza, asco, ira. Cada una de estas
emociones presenta un patrón de respuesta innato que se activa ante estímulos
congruentes y se expresa, principalmente, por vías faciales.
Modelos psicofisiológicos:
James (1884), destaca el papel de la activación fisiológica, postulando que las
emociones surgen como consecuencia de la percepción de un cambio ocurrido a
nivel fisiológico. Basándose en esta idea se plantea la famosa pregunta: ante un
oso, ¿corremos porque sentimos miedo o sentimos miedo porque corremos? .
Modelos neurológicos:
Cannon (1929) propone la teoría talámica de las emociones en la que sostiene que
lo más relevante en el proceso emocional es la activación del sistema nervioso central, en concreto del tálamo. Cannon, desestima la idea de la especificidad fisiológica (es decir, que a cada emoción le corresponde un patrón de activación fisiológica
específico), postulando que las reacciones fisiológicas podrían relacionarse con la
intensidad emocional, pero no con un patrón de respuesta diferenciado. La teoría
de James (1884), se impuso como el modelo dominante en el mundo de las emociones
pero también generó grandes controversias, siendo Cannon, uno de los principales
detractores de la misma (Mauss, 2009). Los aspectos que critica de la teoría de James.
Modelos cognitivos:
Los enfoques cognitivos que surgen a partir de la década de los 60 ponen el acento en un aspecto que hasta el momento, con el predominio de los modelos conductistas, había sido dejado de lado: la valoración cognitiva. Mientras que el modelo
conductual contempla únicamente las respuestas observables —motoras y fisiológicas— y prioriza el papel del aprendizaje, las teorías cognitivas intentan explicar
los fenómenos emocionales como consecuencia de procesos de valoración cognitiva. En términos generales, estas teorías se basan en el supuesto de que ante un
estímulo relevante, la emoción se produce como consecuencia de un proceso de valoración cognitiva . Estos procesos serían subjetivos, dependiendo
de distintos factores (como factores biológicos o de aprendizaje), lo que explicaría
que ante un mismo estímulo dos personas experimenten una emoción diferente.
Dado el papel central que tiene la evaluación cognitiva en la génesis de la emoción,
estos modelos son comúnmente denominados bajo el rótulo de teorías basadas en la
evaluación cognitiva (Echeverria, s.f.).
LA MOTIVACIÓN:
Se puede definir como el proceso que inicia, guía y mantiene las conductas orientadas a lograr un objetivo o a satisfacer una necesidad.
Es la fuerza que nos hace actuar y nos permite seguir adelante incluso en las situaciones difíciles. Ir a buscar un vaso de agua cuando uno tiene sed, estudiar durante toda la noche para aprobar el examen de conducir que tanto se desea o entrenar duro para ser el mejor de un campeonato, son posibles gracias a ésta.
Sin embargo, al igual que los retos y los proyectos que nos proponemos son muy variados, los tipos de motivación de los que nacen nuestras fuerzas para lograr nuestros objetivos también lo son. Justamente de eso voy a hablar en este Blogger: de los tipos de motivación.
Tipos de motivación:
Motivación extrínseca vs motivación intrínseca
1. Motivación extrínseca:
2. Motivación intrínseca:
La motivación intrínseca hace referencia a la motivación que viene del interior del individuo más que de cualquier recompensa externa. Se asocia a los deseos de autor-realización y crecimiento personal, y está relacionada con el placer que siente la persona al realizar una actividad, lo que permite que una persona se encuentre en “Estado de Flow” al realizar la misma.
Motivación positiva vs motivación negativa
3. Motivación positiva.
4. Motivación negativa.
Otros tipos de motivación
Motivación básica vs motivación cotidiana
5. Motivación básica.
6. Motivación cotidiana.

Orientación motivacional centrada en el ego vs orientación motivacional centrada en la tarea
7. Orientación motivacional centrada en el ego.
8. Orientación motivacional centrada en la tarea.
El grado de la motivación de cada individuo no es directamente proporcional al valor de aquello que lo provoca, sino que es la importancia que le da la persona que lo recibe la que determina la fuerza o el nivel de motivación.
A continuación explicaremos los distintos tipos de motivación, así como las distintas fuentes de motivación que nos impulsan a realizar ciertos actos.
La motivación extrínseca hace referencia a que los estímulos motivacionales vienen de fuera del individuo y del exterior de la actividad. Por tanto, los factores motivadores son recompensas externas como el dinero o el reconocimiento por parte de los demás. La motivación extrínseca no se fundamenta en la satisfacción de realizar la cadena de acciones que compone aquello que estamos haciendo, sino en una recompensa que solo está relacionada con esta de manera indirecta, como si fuese un subproducto.
Por ejemplo: un individuo puede trabajar mucho para ganar más dinero o puede estudiar muy duro por el reconocimiento social que le proporciona un buen empleo una vez haya acabado sus estudios. Una persona con motivación extrínseca por una tarea que debe entregar, trabajará duro en ella pesar de tener poco interés, pues la anticipación del reforzador externo le motivará a acabarla a tiempo.
Por ejemplo: un individuo que asiste a los entrenamientos de su equipo de fútbol simplemente por el placer que le supone practicar su deporte favorito.
La motivación intrínseca es el tipo de motivación más vinculado a una buena productividad, ya que allí donde se da el individuo no se limita a cumplir los mínimos necesarios para obtener la recompensa, sino que se involucra personalmente en lo que hace y decide poner en ello gran parte de su empeño.
La motivación positiva se refiere al proceso por el cual un individuo inicia o mantiene adherido una conducta gracias a la obtención de una recompensa positiva, sea externa o interna (por el placer de la actividad).
La motivación negativa hace referencia al proceso por el cual una persona inicia o se mantiene adherida a una conducta para evitar una consecuencia desagradable, tanto externa (castigo, humillación, etc.) o interna (evitar la sensación de frustración o fracaso).
La literatura especializada en psicología del deporte también ha aportado información sobre otros tipos de motivación relacionados con el mundo de la actividad física y el deporte.
La motivación básica se refiere a la base estable de la motivación que determina el nivel de compromiso de un deportista con su actividad. Se refiere al interés de un deportista por los resultados deportivos, su rendimiento personal y/o los consecuencias positivas de ambos.
La motivación cotidiana hace referencia al interés de un deportista por la actividad diaria y la gratificación inmediata que ésta produce.
Este tipo de motivación se refiere a que la motivación de los deportistas depende de retos y resultados en comparación con otros deportistas. La motivación depende de retos y resultados personales, e impresiones subjetivas de dominio y progreso.
Ambas orientaciones son ortogonales y no opuestas. Por tanto, pueden existir deportistas con ambas orientaciones altas, ambas orientaciones bajas, con una orientación centrada en el ego alta pero baja en la tarea y con una orientación por la tarea alta pero una orientación centrada en el ego baja
(Allen., s.f.).


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